Cada Xbox fue un paso adelante. La Xbox original demostró que Microsoft había llegado para quedarse, con Halo como bandera y el nacimiento de Xbox Live cambiando para siempre la forma de jugar en red.
La 360 se convirtió en un fenómeno cultural, con un catálogo que enganchó a millones y un servicio online que marcó el estándar de una generación. La Xbox One apostó por el entretenimiento total, y la Series X lleva ese legado al límite con potencia bruta, carga instantánea y una biblioteca que conecta décadas de historia.
Tener una Xbox es formar parte de algo más que un juego. Es el chat de voz con amigos que estaban lejos, la partida que se alargó hasta las tres de la mañana, la rivalidad sana que todavía recuerdas. Una consola que vuelve a encenderse trae todo eso de vuelta, y lo pone en manos de alguien que está listo para volver a vivirlo.